sábado, 21 de mayo de 2011

Dentro mio

Dentro mio hay túneles excavados por seres,
a los que no les permití la entrada y se infiltraron.
Dentro mio vive un anarquista,
a quien mantengo borracho casi todo el rato...para acallar.
Y si sobrio me lo encuentro... ¡Ay!
ese día hay revuelo y desazón.
Estamos en tratativas...sin mucha esperanza.
Dentro mio va de un pequeño jardín andaluz lleno de flores,
a las catacumbas más oscuras donde moran algunos monstruos.
Los viejos, los nuevos...los subconscientes y los tiernos.
Los entreno...cuando me siento en forma.
Dentro mío se reproducen películas todos los días
de 0:00 a 0:00. Diferentes salas...para gustos varios.
Dentro mio no hay lugar para tu olvido.
Y me asombro de todo lo que falta todavía por absorber.
Dentro mío se puede tomar un té.
Si es que ese día no pasó un huracán y se volaron todos los muebles,
con la pava y las palmeras también.
O me quedé colgada boca abajo de las estrellas
que fui a recoger en alguna quimera.
Pero indefectiblemente, dentro mio,
la vida bebe sangre del cauce de las arterias
y se duerme una siesta en la sima de la cresta ilíaca que prefiera.
Contemplando en sueños los atardeceres y los lugares a donde voy.
Dentro mío colecciono partículas.
Hay un campo arado donde siembro sfijas.
Tengo un espejo antiguo, donde te encontrarás por mis ojos.
Un álbum, horas y horas de conversaciones
recién saliditas del horno.
Dentro mío el mapa mundi está al revés
y todo hay que hacerlo caminando.
Eso si, se desconecta a veces la antena
y para comunicarnos, tendremos que tocarnos.
Dentro mio, si no llueve...se verá todo en sepia.
Si me duele, le mando un libro...o una pastilla de souvenir.
Dentro mio a veces no estoy.
Y nace un puente sobre cataratas y barrancos
hasta una casa, a cualquier lado, a la estupidez.
Surge un arrollo que hasta hoy no se secó.
Y hay jirones varios por los rincones.
Dentro mio también,  hamacas paraguayas espectaculares,
si molestan los efectos especiales, tengo auriculares.
Besos facilitadores del viaje en frasquitos sagrados.
Estanterías de ganas y bocetos.
El reloj detenido, casi todo el tiempo.
Un sector de no fumadores que aborrezco,
y uno en donde nada se toca...sin necesidad de cartel.
Después de un tiempo,
ya no parece tan desordenada la extensión.
Dentro mio, si no me mudo tanto...
si no se pelean todos (les encanta debatir)
...si no me visto de espanto...
si no se organiza la kermes, ni la huida,
si no cierro el boliche y sola canto...
por lo general se puede estar muy tranquilamente.
Y mientras dé las campanadas el mio cardio,
espero allí encontrarte de repente, alguna vez.
Pa que te quedes por un buen rato. Y más.
Si eso pasa... todo lo antes descripto y lo invisible,
se inunda de nosotros,
y así es como me gusta estar.

Según un predicador...hoy es el fin del mundo.

Me tiene sin cuidado el fin del mundo.
Yo he besado la mejor canción.
Contemplado el paisaje hermoso después de una jornada agotadora.
He tenido días sencillos,
días torbellino...
muchos días.
Claro que podría tener más...¿Y qué?
Ojalá sea así...
Me encontré con la mirada del ser que quiero.
Todo se ilumina y para mi esto ya es otra dimensión.
Nacemos cada día envejeciendo...
Que esta noche nos pille bailando...a todos.
Y mañana también.
Que si nos chupa la energía negra o nos expandimos tanto tanto así,
hasta el punto de no vernos más...
voy a seguir sonriendo.
Y eso te va a llegar...de alguna forma, en algún lado.

miércoles, 18 de mayo de 2011

Acaso venga al caso tu ocaso.

Yo he visto el ocaso tras tus rejitas óseas.
Y si hay colores para los fuegos internos, el tuyo sería gris...
un fuego gris como el disco del flaco.
Un solazo que ennegrecía lentamente con su retirada.
Te has disfrazado de caducidad con un par de palabras.
Te fue muy fácil, además.
Y no estás muerto corazón,
 pero no te mueves.
A falta de sendero común, muro bien oscuro.
¿Un muelle quizás?
Otra vez quiero mejorar lo decadente.
La libertad no es negociable entre nosotros hoy.
Suponiendo aquel muelle...
embarca y zarpa un beso con viaje
(sólo de ida)
 derechito al cráter oceánico más remoto.
Ni siquiera es poético.
Ahí abajo en el misterio de las criaturas sin ojos,
me asusto.
Hoy.
Otro día te hubiera acompañado aguerrida a la derrota. 
Todavía había cierta calidez otoñal en tu presencia.
Decías adivinar mis sentires verdes.
 Y yo te digo que eso no basta.
A mis sentires los recorté a diario, para cuidar mi jardín ancestral.
Donde habito.
El que crece con desmesura desde que nací.
Donde todavía amanece, mientras duermo.
Sin ti.
Sin saber modificamos nuestros soles con antojo...
 rebeldes, altaneros, heridos, sinceros.
Yo he visto el ocaso tras tus rejitas óseas y me despedí de aquel día.
Ya no somos tan fuertes.
Tomarnos parece una emboscada cínica al amor...entonces:
Que tengas buen día, con el sol del otro lado en tu pecho, corazón.

martes, 17 de mayo de 2011

Ultima nota

Hastío.
Devoluciones.
Tedio.
Silencios más habituales.
Iba sobre el mundo como el oso del circo en la pelota,
haciendo juegos malabares al son de todo.
Hasta que giró tan rápido...
que corriendo al borde del vacío me caí.
Con vos era una y siempre quise ser otra.
Sin desvalorizar el alucinante aporte que le hicimos
a nuestros pergaminos,
a nuestras bocas,
a cada célula,
a todo el ser.
Con el peso de la duda,
ya hace tiempo te amaba
en blanco y negro.
Y si callaba...
era esperando que duermas.
Para estar ahí,
a tu lado sola.
Y se me escape el pensamiento por la ventana.
El humo chocando el cristal.
Y si jugaban mis dedos en tu pelo...
es que te quería, y te quiero.
No se trata de no querer.
Sentimos.
Tus manos me lanzaban a volar,
tu boca me vestía de reina
en la ciudad que nunca nadie conoció.
La nuestra.
Tus ojos me quitaban todo el encima,
todo el detrás, todo lo puesto y lo supuesto...
todo.
Piel y corazón fueron alimento, alivio, norte.
Yo era luna para tus mareas.
Pero viejas deidades se despertaron unos días.
Voces lejanas me llamaban desde mí.
Me conoces.
No me reconocí.
Un segundo,
frente a un espejo enorme me sorprendí
no estando.
De algo muy grande y muy hermoso escapando con serenidad.
Difuminadamente incómoda, no pude más.
Estabas ahí y en vos un cataclismo también vivía.
Me amenazaba la enredadera del pensamiento.
Nunca quise que seas el cuerpo de al lado, el inquilino del corazón.
Nunca quise que nos acostumbráramos.
Callamos al unísono.
Eso me dio pie.
Detenidos al lado del camino, creyendo que era lo acertado...
pasaron y pasaron ...pasaron tanto
paso el tiempo
paso gente
pasaron trenes y palabras
pasamos nosotros mismos con el error y el misterio
con el amor y los mapas.
No se trata tampoco de aciertos.
He manchado con té tus papeles,
he dejado enchufadas algunas cosas,
no guardé tu obstinación en el cajón ...
me fui tras de mi por la única puerta de nuestra casa.
Miré sin amargura,
atrás y adelante.
Mudo la piel.
Mientras sigues anudando la tuya y yo no quiero eso.
Sin palabras es tan puro todo.
Lo intitulable, mejor dejarlo así.
Me ha surgido este mequetrefe escrito que no creo veas.
No quisiste estando en mi,
ni mucho menos.
Solo ver...
Lamento.
Desapareció ese nos que nos embriagaba,
queda una astillita
se absorverá...con miel.
Me he mudado.
Salgo a caminar entre la gente.
Desanúdate y desnúdate en la verdad que no compartimos.
Esta es mi nota.
Ya no diré más.

domingo, 15 de mayo de 2011

Vieja decisión

Hice a mi cuerpo amigo del viento y la distancia, y me fui a buscarle una verdad a mi corazón. Algo tan grande como el cielo y las montañas, tan pequeño como una gota de lo que me gusta. Y ya no estuvo más conmigo mi corazón, se fue a posar en cada una de las cosas. Y ya no estuvo más conmigo mi corazón , se fue a fundir con la esencia y la sabia. Y ahora sólo un camino he de caminar, cualquier camino que tenga corazón. Atravesando todo su largo sin aliento, dejando atrás mil razones en el tiempo. Y morir en ese ser libre, encontrarme en el lado salvaje, ponerle alas a mi destino aunque suene cliché. Romper los dientes de este engranaje.
Hice un lugar en el refugio de mis sueños. Y guardé ahí lo más añejo. Preciado. Donde no llega el hombre con jaula ni la maquinaria de la supervivencia. Me fue mas fácil intentar la vida, que venderla al intelecto o a la conformidad. Y ahora sólo un camino he de caminar, cualquiera que tenga corazón. Atravesando todo su largo sin aliento, dejando atrás mil razones en el tiempo. Y morir en ese ser libre, encontrarme en el lado salvaje.
Romper los dientes de este engranaje.

-tucumán 2008-

Algunas cosas solo mueren

Algunas cosas solo mueren.
Siguen su curso inertes, y son más notorias
de esa incómoda forma.
A veces indiferente.
Se mueven y es como si se fueran al fondo
del océano.
Negro, totalmente inalcanzable.
Y no podemos des-agotarlo para buscar.
La muerte siempre pide a gritos comprensión.
Pero nos parece soberbia.
Y nosotros le preguntamos a ella, por qué.
Algunas cosas solo mueren.
Y Son simplemente una parte natural
del reordenamiento de nuestras vidas.


-tucuman 2009-

sábado, 14 de mayo de 2011

Piel y agua

Qué placer el agua
que recorre y pinta,
la piel nueva.
Emoción que inunda
mis ojos abiertos,
bien abiertos desde que estás aquí.
Sensación cálida y fresca,
tus ojos
que son agua en mi piel.

Agua perfumada en el renacimiento
en cada brote
de la sencilla danza nuestra...
Que le quita la respiración
a la naturaleza.
Sorprendida y sonriente,
nos deja recorrer
sus ríos.
Y somos eso.

La Emi...y su mágica "VANA IMAGEN"

De rulos saltimbanquis y rostro porcelana, no es una muñeca dama antigua...sino un torrente energético que alumbra el lugar. Laura Emilia Gutiérrez. Firuletes de colores, por dentro cuida una flor tenue pastel, de sentires. Hojas de árboles, de libros diversos que...supongo yo, le alimentan las palabras. Escribió un librito reliquia "Vana Imagen", del cual rescato la primera parte aquí. Y así escribe :


Que vanidad imaginar
                                               Que puedo darte todo, el amor y la dicha,
                                               Itinerarios, música, juguetes.
                                               Es cierto que es asi;
                                               Todo lo mio te lo doy, es cierto,
                                               Pero todo lo mio no te basta
                                               Como a mi no me basta que me des
                                               Todo lo tuyo.


                                                        Julio Cortázar – Bolero (fragmento)



I


Siempre seremos esa llama
fría, dulce, vertical.


Vamos a reconocernos en los afiches de las calles,
en las casas de cosas usadas,
en esas desventuras tan hirientes,
en las cosas que vos tenes y me faltan.


Cómplices de un mismo destino,
Tus colores se mezclaron con los míos.


Superaste estas inexistentes expectativas,
me desarmaste para reconstruirme de nuevo,
y tuviste el ápice que le faltaba a esta historia,
hecha de tierra, de fuego, de verdad.
II

A partir de vos, nada mío me pertenece.
Tus palabras, las que no dijiste,
marcaron una línea firme y concreta
en la noche callada.


¿Cómo explicarte?
Los otros son los otros,
pero tu existencia,
milagro eterno nacido de la nada.


Nacido para quedarse, aquí conmigo.
Liberándome de los aluviones, los ahogos,
las fiebres y los cerrojos,
los días y los vómitos,
las estrellas y las jornadas.
III


Nunca miraste a nadie a los ojos,
o recorriste con la yema de los dedos
el contorno de una cara,

Ni miraste tan de cerca

la virtud

antes de que sea acallada.

IV 

Haberte conocido. Que premisa más inútil, hablar de todo y de nada, fijarme con ansiedad en que puntos logramos la cohesión mas perfecta. Armados estamos como si fuésemos piezas que encajan, como si estuviéramos – y estamos – justo en donde nos corresponde.
Haberte conocido, mas allá de todo lo que pudimos haber hecho y no hicimos, que quedo como promesa de un próximo encuentro, como un sueño compartido. Y querer verte así, como sos ahora, como te conocí…cuando todas las palabras se unen en un mismo fin.

V


Quiero más juegos. Es tan simple como eso.
Dirías vos, que se puede hacer
con este resto de verano perdido,
de una presencia que se diluye
en las ganas que tengo de sentirte, de arañarte,
de pelearte y después abrazarte,
de darte las buenas noches y despertarme

en el medio de la noche a ponerme el pijama y las medias.


Si supieras como me cuesta ver el humo del narguile,
la ciudad iluminada desde el cerro, el pasto del monumento,
las copas, las veredas,
los helados, los perros.

Pero más difícil aun es esta actitud de superación disimulada,
debo negarte y fingir que hay otras cosas: no las hay.
Somos tan parecidos, vos con tus vuelos aparte,
yo con mis sinceridades tan complejas.
Decimos las cosas a medias,
pero sabemos que está sobreentendida la parte faltante.


Tal vez eras el peldaño que debía venir de tu mano, de tus palabras.
Ahora que lo he subido, me pregunto en que lugar van las fotos y el desvelo.
Sin embargo, hay que mostrar tibieza y además recelo.
Cuando en verdad algún día quiero tirar
estos procedimientos cuerdos,
las especulaciones, las diplomacias, los rodeos,
y decirte lo más racional en el medio de esta locura:
que te extraño, que te quiero.

----------------------------------------------------------------------------------
Un poquito de ella para ustedes, salud! 

viernes, 6 de mayo de 2011

Puntapié III

“Nunca leí, ni oí narrar en cuento o historia que el curso del amor verdadero haya discurrido en alguna ocasión con suavidad”
 El sueño de una noche de verano, I, 1.

Terminó de leerle las palabras memorizadas con tanto fervor que se puso colorada. Lo había hecho muy bien, suave, sensual…con intención de darle a él una sorpresa, llena de encanto y encima ¡de Shakespeare!...No entendía bien su contenido, pero era algo salvaje, extravagante lo que insinuaba entonces le pareció oportuno cuando lo encontró en Google.
Esperó algún gesto de él. Solamente la miraba con la boca entreabierta. Con expresión indiferente.
-¿No te gustó?
-No.- contestó-  Porque el amor no existe.
Y después de eso, pagó el café y se fue sin ganas de volver a verla en su vida.

Decían

Decía.

Se abraza a mi cuerpo como leona dormida
Y respira, sin garras.
Mis manos recorren las dunas de Cafayate
en su piel barnizada por el sol de la tarde…
Nos devoramos de postre…y ahora
no hay más hambre que la del tiempo al lado de esta historia.
En un nido inventado, a la espera de la oscuridad.
Sin duda alguna…vamos a separarnos.
Decía sin hablar…
Sabes que estoy delineándote.
Te abrís…la marea nos toca y susurra presente.
Te dejarías a mi lado…sintiéndote en casa.
Me quedaría.
No queremos dejarnos…

No dijimos más.

Puntapié II

“Cómo? ¿Se ha ido sin pronunciar una sola palabra? Sí. Así es como debería actuar el amor que es veraz. No habla porque la verdad se ve más ensalzada por los hechos que por las palabras”.

Los dos Hidalgos de Verona, II, 2.

Venía mirándome las zapatillas, sabía que por delante el camino era largo, no habría obstáculo por lo pronto y mirar cómo avanzaban los pies, cómo saltaban algunas piedras blancas, negras…chicas, con un ruidito de choque entre ellas que acompañaba al torpe de mis pasos, me tenía entretenida.
Caminaba lento, ya casi no había luz. Las piedras, las sombras del camino. No me acuerdo haber escuchado ningún sonido, hace mucho que ya no pasa el tren.
Con las manos en los bolsillos de la campera, sin frío ni calor, todo estaba concentrado en seguir. Sin estar concentrado en nada…porque podría haber caminado hasta La Pampa de esa manera sin parar.
Sigo mis pasos, a veces juego a que no tengo el control de ciertas partes de mi cuerpo. En este caso el automático de marcha estaba en ON y los niveles de cualquier otra necesidad corpórea descendían progresivamente con el desplazamiento.
Y así con esa especie de alquimia interna y urbana que se manifestaba sin más, después de mucho andar…llegué al puente.
¿Ya? Qué bárbaro…mirá vos.
Me hice la sorprendida conmigo misma, queriendo olvidar que conocía el camino.
Me paré.
Y me paré…
Miré hacia el frente, seguía una vereda de cemento desprolija, con chapas viejas esparcidas por el viento o el desinterés. Bajaba un poco más a mi izquierda con unos escalones, y había una baranda tipo barrera. Se podían ver los autos que pasaban por abajo del puente. Puente del tren. Ancho, sólido, gris…sin iluminación. Las vías como líneas que venían de allá atrás y se iban no se donde… ¿Como yo?
Casi sobre la avenida, todavía allí, sin pasos. En pausa.
Como si este accidente de mi tránsito pedruno hubiera hecho un click, y roto algún equilibrio evasivo, me alcanzó un torrente de recuerdos contenidos, briosos, desenfrenados, liberados por fin…
Con todos ellos tomando primero mis piernas, subiendo por mi cadera en un salto violento hasta comprimir con su caudal de años mi pecho, enredarme en aguas turbias y morderme el cuello de frente, con dolor…estaba parada al lado de aquel paso inservible de la ciudad.
La puta madre. 

“Disculpá, ¿tenés fuego?” 

Cómo voy a tener fuego, ¿no ves que me estoy inundando acá mismo? Me dije por dentro. 

“Flaca...”

Y me rescató de aquello con su voz. Estaba al frente mío, bueno no. En realidad yo estaba enfrente del puente y me hablaba desde el otro lado de la vía a mi derecha. Bueno, no importa! Porque en ese momento me giré y entonces si, ya estábamos frente a frente (con las vías de por medio).
Me alteró un poco el quiebre…
Me miraba.

“Ey!” movió un brazo en alto para llamar mi atención. “¿Tenés fuego?”

Sí! Saqué del bolsillo de atrás el encendedor y se lo mostré.
Entonces vino caminando medio saltando rápidamente a buscarlo, con una sonrisa y en actitud divertida.
Me lo quitó de la mano, porque yo seguía en la misma pose. Y dijo “Qué bueno y qué insólito que estés por aquí”. Sonrió de nuevo. ¿? …
Fue a sentarse en uno de los escalones, mirando hacia el flujo de vehículos que pasaba ordenado por ahí,  cuatro metros más abajo. Se movía rápido y se sentó entre un salto de piernas, circense.
Sacó un par de hojas escritas de un bolso de tela y se puso a quemarlas. 

“La vida” dijo. 

Yo ya estaba cerca suyo y me senté al lado, con un poco de distancia.
Y miraba intrigada. Serena. Qué serán esos escritos… ¿Vos qué haces por aquí? 

“De todo” 

Y no me miró ni dijo nada más hasta que terminó su acción y se puso a mirar la avenida.
Me devolvió el encendedor. Al rato conversamos sobre el color de los autos, sobre el kiosco JyJ que está abierto las 24 horas, sobre todo lo que se puede encontrar ahí…la estación de servicios, el cerro…me contó cosas que quería colgar en su casa, que le recordaron una casa en el cerro, una terraza…me preguntó muy poco y yo, pensaba que lo hacía para entrecortar su monólogo…que en realidad no le importaba mucho, entonces no le conté cosas importantes. Aunque quería… ¿por qué?
Porque estaba fascinada con este personaje…y porque mis mares voraces andaban lejos, lejos de allí…porque uno tiene estúpidas necesidades.
Pensé que encontrarme con alguien, en la vía, en la tarde de aquellos momentos míos de  absorta ocupación en la que estaba, de la nada…que aquella interrupción tendría algún significado, me abría de alguna manera una propuesta, un terreno nuevo…
Siempre pienso.
Tengo la enfermedad de pensar.
Pero además de mí, había en sus ojos un signo. Que se me quedó dibujado dentro por eso lo tengo tan patente… Que me hacía no escuchar bien a veces, lo que hablaba y algunas historias que contó mientras transcurría libre el tiempo...con su mirada. Habló de gentes, de lugares hermosos y otros no tanto. 
Parece que fue mucho, pero no. La noche maduró y mayoritariamente en silencio, en distracción por sucesos pequeños…detalles, el caminar de la gente en las veredas de las calles que se podían ver a lo lejos…unos gatos que se la pasaron merodeando el lugar, los cantares borrachos de los que vagaban de madrugada…estuvimos.
Y con el amanecer abriéndose paso, demostrando que las noches no son eternas una vez más… mientras me disponía a hacer algo inútil no recuerdo qué,  mientras pensaba que podía quedarme allí mucho rato…en compañía efimera.
Precipitadamente caímos en diferentes cuentas. 
El día le despierta cosas diferentes a cada uno... la luz olvida fantasmas.
Yo no sabía que hacer conmigo y el futuro era un concepto en blanco.
Me pareció que quería irse.
No dijo mucho, creo que no dijo nada.
Por la zona en la que estaba ayer cuando me llamó, atrás…había una escalerita…y se perdió tranquilamente. Como vino.
Miré mis zapatillas…miré al cerro. Seguí caminando en la dirección que llevaba antes, el sol empezaba a rayar mi cabeza.
 “Hasta dónde vamos?”
Ahora creo que a ningún lado concretamente, de esta manera.

sábado, 30 de abril de 2011

Puntapié I

"Él persigue el honor y yo, el amor. Él deja a sus amigos para proporcionarles una dignidad mayor y yo me dejo a mí mismo, a mis amigos y todo, por amor. Tú, tú me has cambiado. Por ti he descuidado los estudios, he perdido el tiempo, no me he ocupado de la correcta razón, he considerado que el mundo no valía nada. Has debilitado mi inteligencia con fantasías y has logrado que mi corazón enfermara pensando. "


Los dos Hidalgos de Verona, I,1.


Leyó esto y toda la planificación se desvaneció. Desde el segundo posterior, el pedido que debía entregar quedó olvidado. Asumió no ir a la reunión. Creció en él una apetencia monstruosa por la paz imbécil de su cama. Se le dilataron las pupilas, creo. Quizá solamente fue una percepción y aquello nunca ocurrió. Pero era cierto que no veía bien...ni lo físico ni su estado, menos el resto del texto que había caído al lado de sus pies, al lado de la silla.
Cómo este hombre podía sentir lo mismo que él. Cómo podía estar escrito en el texto antiquísimo, el exacto motivo de sus huracanes. De esa manera...la forma intacta, sencilla y letal en la que sentía aquel momento de familiarización con el párrafo lo movió, y pensó en la cama. La misma de su apetencia monstruosa. Estaba a sólo unos pasos de ella y se arrojó como una bolsa enorme de papas, amorfa. Quedó allí.
No voy a leer más -pensó. No voy a salir, no voy a recorrer todo el centro ni me voy a quedar esperando a que llegue, ni llame, ni quiera, ni nada de nada.- Y tantos No le iban creando un halo grisáceo en torno a la cabeza que crecía como un espiral de humo.
Permaneció así dos horas, saltando de negaciones a quejas, entre arrepentimientos y supuestos...cuando ya se encontraba demasiado hundido en todo aquello, sonrió. Y se sintió un estúpido.
Sentándose en la cama, apoyado en la pared, encendió un cigarrillo, y el humo que lo rodeaba se materializó así. Tras una pitada, lo sostuvo con la mano apoyada en el respaldo de la cama sin pensar en eso. Y siguió debatiéndose entre sus ruinas, en lo profundo que habían calado aquellas palabras...y lo que afloraba de él, que eran situaciones negadas hasta el momento. Mientras el cigarro se consumía, no volvió a besarlo y la ceniza cayó a la almohada, resignada toda cilíndrica, muerta.
Sigo considerando que el mundo no vale nada- le dijo susurrando a la pintura de la pared. Ella lo miraba triste, porque él la quiso así. Sigo pensando que todo vale nada y que como este momento, pasaré y caeré inevitablemente.
Después de eso, sintió el calor de la brasa pequeña llegando a sus dedos, recordó lo que estaba haciendo y saltó de la cama a buscar donde apagar el pucho. Se vio accidentalmente en el espejo y no le gustó su gesto, su boca, su desnudez pálida ignorada.
Como un autómata se dirigió al baño, abrió la ducha y se metió. Ya no lo vi más. No sé que habrá hecho, ni pensado por supuesto no me metí a verlo.
Pero Ella bajó de la pared, con su cotidiano andar despreocupado, con esos aires que tanto me molestan, aires de reina, de favorita, dispuesta a solucionar cuanto se le ocurra solucionable.
Despilfarrando gotitas de color, mínimas...que él luego limpiará. Tomó el libro, que estaba en el suelo cerca de la silla y la mesa...lo miró, lo ensució de rojo y verde...¡Yo sabía que eso iba a pasar! Siempre toca todo. Lo abrió con cara de madre desilusionada y lo puso sobre la hornalla después de tres intentos de encendido frustraos. Por supuesto el libro comenzó a quemarse, metamorfosis de su muerte. Más cenizas. Entre el cigarrillo de Marcelo y ésta...la casa va a aquedar toda sucia. Siempre lo digo. A mí no me escuchan. Yo no puedo bajar y disponer de nada...no estoy terminada.
Ella vuelve a la pared y mira hacia otro lado.
Quiero verle la cara cuando salga del baño. Sin el librito aquel no habrá más revelaciones...y no sé qué decidirá hacer conmigo.

jueves, 28 de abril de 2011

náufragos

antenoche enviudaron 3 relatos
antes,
habían extendido sus brazos mojados
en intentos desesperados
de sobrevivir
en las aguas
negras, plateadas... de algún recóndito lugar interno

sentía el chapotear de los brazos,
los cuerpos quedaron inmersos allí
la luz del cuarto estaba encendida
no les llegaba ese reflejo, no buscaban luz
irrelevante dato
para los náufragos
del papel

antenoche enviudaron 3 relatos
que me tragué
con los ojos cerrados
volviéndolos parte molecular
enviándolos deliveradamente
a cultivo
para otro día

esta es su revancha
aprendieron a nadar los tres
la coreografía circular les dio
algo parecido a la esperanza
y su forma graciosa
me ha despertado
hoy los recordé.

viernes, 8 de abril de 2011

Otra de Escandar, otro golazo

Escandar Algeet es un español mas o menos de mi edad que escribe de puta madre, a quien admiro visceralmente y con quien me muero por compartir por lo menos un par de charlas, por qué? lean uno de sus escritos...entren a su pagina "Entre putos suspensivos" escandar-algeet.blogspot.com y allí está la respuesta. 


Esto es lo último que publicó, no puedo hacer menos que compartirlo. A la juventud :


lo que falta

(una antigua poesía para un libro a 3 bandas junto a gsus bonilla y carlos salem, que nunca llegó a hacerse, y que hoy subo aquí al haberla encontrado entre el montón de escritos pasados que guardo en el mis documentos del ordenador)

Ahora que todavía no peso un cuarto de siglo

y que gasto camisetas de antes de graduarme
y ahora que entre otras cosas distingo las leyendas urbanas de los cuentos callejeros
puede que sea un buen momento para hacer balance de deudas.
No tanto por lo que deba a nadie, sino más bien por un ajuste de cuentas contra mí mismo.
Echo un vistazo por encima de mis fraudes
y pienso en algunos granos que dejé tirados por cunetas donde pensé
que no podría crecer vida, y ahora que hago estadística de daños
veo que el pasado pesa
y el futuro pasa
y nada se queda parado más allá de un pitillo, la magia por un instante,
ciertas miradas ante ciertas piernas,
el agrio sabor de las pupilas cuando se empañan una mañana de otoño.
Supongo que habría que distinguir entre las cosas que todavía no tengo
y las que no tendré jamás,
diferenciar que a veces lo que falta es ausencia de
y otras no llegar hasta.
Para empezar, lo que falta es lo que no está, el espacio vacío
que los recuerdos no llenan, que la nostalgia acentúa,
echarte cuentas pasadas en lugares donde dejaste trocitos de alma por construir,
historias que no llegaron a ninguna parte,
que no pasaron de la primera estación,
anillos que miraste desde el otro lado del escaparate justo antes de salir corriendo,
-Dilo: de huir…
…a donde no pudieran cazarme, y ahora que presumo de ser animal salvaje
hay veces que me faltan las caricias de mi madre al irme a la cama,
esa mirada que ponía sostuvo mi mundo durante tantos años
que aun sigo buscándola cuando me cago de miedo.
En verdad me he hecho áspero, intuyo,
porque lloro poco y sin ganas, así que supongo que me falta
la ilusión de enamorarme a los 14 años
y soñar con quedarme encerrado en el cole con la chica de los pupitres de atrás,
o disfrutar de un viernes por la tarde como se merece: sentado en un portal
mirando de reojo a las chicas
y de frente a los amigos.
Me faltan kilómetros de horas en la plazita donde Sergio
cambiaba de novia cada semana,
el camino del cole a casa volviendo con Irene y Marta
y aquel cruce de la calle Mayor con san Bernardo
donde nos encontrábamos con los de maristas,
donde tantas noches me despedí de Dano,
donde vi vomitar a Frontela mientras decía: estoy bien, solo un poco borracho,
y se reía el capullo antes de volver a vomitar.
¿Dónde están?
¿Por qué escribo lo que falta en forma de pasado?
Escandar, anda, ¿a quién pretendes engañar?
Lo cierto es que me cargué un futuro a la espalda
y me fui caminando de aquella Palencia a Ponferrada primero,
y después a un Madrid que me tiene enganchado.
De todos esos trastos que traía me quedan los libros no más, algunas poesías,
mucho cine
y ciertas heridas que me reabro yo solo para que no cicatricen.
El resto no pesa porque lo fui dejando,
y a veces sí es verdad que me faltan peldaños de los que tirar
cuando me vengo abajo,
me faltan escombros de una vida/ruina que mantengo lo más honestamente limpia que puedo,
me falta el gusano en el estómago por cada beso que doy
y supongo que es duro recordar
“que dejé de creer en el amor cuando descubrí que todos los besos
tenían el sabor de mi propia saliva”,
claro que es duro verme aguantando sin apenas soñar,
sin apenas querer,
y aun así, estoy seguro, me faltan muchas piernas por liar,
me faltan bolsillos para tanta arena, para tanta playa, para tantos labios.
He buscado las mañanas de entre la luz de la habitación
y pulsando la tecla de intro he olvidado los estribillos para centrarme en las estrofas.
Honestidad.
Si la fui perdiendo de vista en los últimos años
es porque se me escurrió de los dedos según crecía.
Fui sincero, soñador y borracho, y ahora mantengo el tipo como puedo
gracias a esto último no más.
Así que me falta un posado desnudo con los brazos abiertos
y un muro de fondo contra el que golpearme.
Me falta querer marcar los goles decisivos en los partidos importantes,
y me faltan viajes al corazón del planeta, donde la tierra misma hace bum bum
igual que los ojos de las personas que cambian el mundo.
Si doy un pasito más, si empiezo a vomitar desgarros de los sabores
que no he podido probar o que ya no probaré,
debería empezar tal vez por decir
que nunca fui la primera vez de nadie,
que es muy posible que tampoco sea el último
y por supuesto, no creo que sea el mejor.
Así queda mi posición: en un papel intermedio
y luchando contra lo secundario del personaje:
en el vértice a medias de los besos que he dado
y en el extremo opuesto de los que no doy,
a estas alturas no me importa confesarte
que me faltan unas cuantas fantasías por cumplir:
un bis a bis lleno de sogas, flujos y direcciones prohibidas
me falta respirar en el oído de la incertidumbre y lamerle el miedo a las dudas,
hacer aquel road trip a través de la lengua
y me falta echar cuentas de todo esto con tus pupilas.
¿Qué puede faltarme aparte de un par de tríos, de un trío de ases,
de una baraja de infartos?
De tantas vidas que no viví ahora entiendo el tono de simulacro
con el que pulso estas teclas, al fin y al cabo
he soñado tantos disparates que a la hora del disparo
me entró miedo de no estar a la altura.
Por eso cuando en mi cabeza viajo a todos esos lugares que no he podido pisar
y digo las frases que en voz alta me callo
y vuelvo a ser ese intento de algo que pide protección para testigos.
Cuando imagino el podría ser de mi vida
miro sin querer mi mochila de viaje, mis libros y las llaves del piso
donde vuelvo a dormir cada noche
y recuerdo a Rocío escribiendo: “por qué no haces lo que no haces si en verdad es lo que quieres hacer”,
y me sale un “no sé” tan personal y cobarde
que empiezo de nuevo a correr cuando no encuentro respuestas.
Me falta esa novela que siempre envidio,
esas promesas que me hice en las noches de 15 años y tardes de estudio,
un montón de carretera con el dedo levantado hacia el horizonte,
me falta saber navegar sobre el mar y las resacas, un te quiero tan honesto
que olvide el “perder” de detrás.
No da igual, pero al menos no he traicionado el pacto
de no traicionarme a mí mismo
aunque sí es verdad que me falta silencio acostumbrado como estoy al ruido,
a la exclamación gratuita, al hecho de saberme caduco y fugaz,
inestable, falto de tiempo para casi todo.
Puede que sea eso.
Puede que lo único que me falte sea tiempo.
Entre todos estos ladrillos no he olvidado los palacios que quería construir,
pero me falta mi abuelo,
Malik y Mariana,
toda la inalcanzable familia de mi padre y mi padre, a veces, también.
Me faltan tardes enteras de cartas escritas a mi hermana Nur
y asumo el hecho de ser consciente de que lo que falta,
lo que me falta,
es el impulso de fuerza en mis dedos
para dejarse llevar hasta sentir el calor del fuego quemando mis deudas.
Así, me podrán juzgar por cenizas
y yo podré envejecer alejado del miedo al insomnio, alejado
de una lista de faltas y ausencias justificadas por un “no pudo ser”
tan cobarde como silencioso.
Estoy aquí, de pie, en el borde de las letras
y mirando hasta dónde me llega el abismo
para poder emborracharme tranquilo si alguna vez llego a viejo.
Dispuesto a todo, y sobre todo dispuesto a no parar.
Si al pasar me ves agazapado en la trinchera
o con los puños afuera me ves desfallecer dando ese salto adelante,
ese paso más,
ten en cuenta que traté de luchar contra el tiempo
de la única forma que sabía:
con la risa
de un niño pequeño
como telón de fondo.

 -Escandar Algeet - MAdrid - Abril 2011.